Y cuando menos lo esperas
toma tu mano y te guía de vuelta
a un lugar de luz blanca y ligera,
de árboles bañados en nieve
y de suelo parecidos a una alfombra de algodón blanco.
Entonces te detienes y piensas...
¿En dónde estuve todo este tiempo?
de clima cálido,
de alta vegetación,
de sol radiante,
y de esferas sobrevolando por ahí,
cascadas espumantes
y miles de raíces inseparables,
de bosques verdes luminosos
por esos rayos de luz amarilla,
de árboles gigantes
como si fueran inalcanzables,
repletos de alborada y trinares;
un lugar distinto a todos, ¡Mágico!,
de pasto tierno.
Mientras que de pronto
toma posesión un oscuro,
sin poder distinguir estar
de ojos abiertos o cerrados.
Al parecer era igual,
pero de la nada salió esa mano,
transportándote de un polo a otro...
Fue algo controversial,
sin explicación.
En ese viaje las luces se atenuaban,
y no sabías exactamente si ascendían o descendían.
Fue algo brutal, fenomenal,
se tendría que sentir tal situación para comprenderla,
pero fue tan misterioso
que ni una tenía la remota similitud a otra,
peculiar, extraordinario,
y sin definición alguna,
insólito, casi irreal.
